10 enero 2022

La aventura del tocador de señoras

    Cuando sus piernas (bien torneadas y tal y cual) entraron en mi local de trabajo, yo ya llevaba varios años hecho un merluzo. Pero aunque con esta súbita aparición dio comienzo la aventura que me propongo relatar a renglón seguido, no dispondría el lector de los datos necesarios para comprender bien sus entresijos si no los retrotajese (al lector y el relato) a un momento anterior, e incluso a sucesos previos, y no expusiese del modo más sucinto un prolegómeno.

    El momento anterior al que he aludido fue aquel en que vinieron a decirme que nuestro querido director, el doctor Sugrañes, el compasivo, el misericordioso, me convocaba sin demora a su despacho. Al que acudí con más extrañeza que miedo, ya que por aquellas fechas el doctor Sugrañes no se dejaba ver de nadie, y menos de mí, a quien no había dirigido una palabra ni un ademán ni una mirada en los últimos tres o cuatro años, es decir, desde que se dio por archivado mi caso o, por lo menos, desde que fue traspapelada primero y definitivamente perdida luego la carpeta que contenía la documentación de referencia, de resultas de los cual cayó sobre mi persona física y jurídica un espeso silencio administrativo en el cual ni mi voz ni mis escritos ni mis actos habían logrado abrir la menor brecha. La causa de mi encierro había sido olvidada de antiguo y cono no había argumento alguno que la pusiera en cuestión, salvo los míos, y como sea que mi pasado remoto, mi aspecto externo y algunos episodios aislados de mi vida reciente (dentro y fuera de los muros del establecimiento) no favorecían mi credibilidad, sino todo lo contrario, nada hacía prever que mis días en aquel honorable hospedaje fueran a concluir salvo de modo harto macabro.

Así comienza La aventura del tocador de señoras (2001) novela de Eduardo Mendoza (Barcelona 1943) , quien recibió el Premio Cervantes en 2016.

Para esta novela Mendoza rescata a un detective aparentemente loco, un tipo sin nombre que de vez en cuando sale del psiquiátrico y se convierte en protagonista de una de sus novelas, enfrentándose a un misterio pintoresco. La primera huida fue en el inicio de la transición y se materializó en El misterio de la cripta embrujada (1978) . El laberinto de las aceitunas (1982) fue la segunda historia, situada en la Cataluña de los años ochenta. Y la obra que comentamos sitúa al excéntrico personaje como gerente de una peluquería en el barrio del Raval, donde desarrollará sus disparatadas andanzas detectivescas. 

¿Qué puede llevar a un hombre, que acaba de salir del manicomio y que es contratado por su cuñado como peluquero en una peluquería de señoras, a involucrarse en una trama empresarial corrupta en la que se ve obligado a entrar de noche en la sede de la empresa El Caco Español para robar unos documentos incriminatorios, prueba de las redes de las clases política y empresarial de Barcelona? No hay respuesta a esta pregunta ni siquiera el final de la historia.

Narrada en primera persona por el detective aparentemente loco pero que tiene más clarividencia y visión que el resto de protagonistas, da muestra del sentido del humor y del tipo de literatura cercana al estilo cervantino que profesa Mendoza. Situaciones rocambolescas en las que no se ve una salida fácil para el detective. A la vez, muestra una mirada incisiva sobre la burguesía catalana, los escenarios de la Barcelona pija y los personajes marginales, casi esperpénticos, tan recurrentes en la novelística de Mendoza. Todo ello con un estilo narrativo sencillo y directo, sin hacer abandono del uso de cultismos, arcaísmos así como del lenguaje popular en su más pura expresión. 

El primer contacto que tuve con Eduardo Mendoza fue la lectura de La verdad sobre el caso Savolta. Tengo que reconocer que en ese momento no llegué a conectar ni con la obra ni con el autor: fue una lectura obligatoria para el  temido examen de selectividad. Con el tiempo, le di otra oportunidad a Mendoza y la impresión fue totalmente diferente. 

Hoy, recomiendo esta novela que he presentado pues estoy segura de que no va a defraudar a nadie. Es una obra fácil para el lector común, divertida. La he trabajado con mis alumnos en algunas ocasiones y el resultado ha sido siempre positivo, así que... Ánimo y a leer. 

04 noviembre 2021

Yerma

 YERMA

Pero tú no. Cuando nos casamos eras otro. Ahora tienes la cara blanca como si no te diera en ella el sol. A mi me gustaría que fueras al río y nadaras y que te subieras al tejado cuando la lluvia cala nuestra vivienda. Veinticuatro meses llevamos casados, y tú cada vez más triste, más enjuto, como si crecieras al revés.

JUAN

¿Has acabado?

YERMA (Levantándose)

No lo tomes a mal. Si yo estuviera enferma me gustaría que tú me cuidases. "Mi mujer está enferma. Voy a matar ese cordero para hacerle un buen guiso de carne". "Mi mujer está enferma. Voy a guardar esta enjundia de gallina para aliviar su pecho, voy a llevarle esta piel de oveja para guardar sus pies de la nieve". Así soy yo. Por eso te cuido.

JUAN

Y yo te lo agradezco.

YERMA

Pero no te dejas cuidar.

JUAN

Es que no tengo nada. Todas esas cosas son suposiciones tuyas. Trabajo mucho. Cada año seré más viejo.

YERMA

Cada año... Tú y yo seguimos aquí cada año...

JUAN (Sonriente)

Naturalmente. Y bien sosegados. Las cosas de la labor van bien, no tenemos hijos que gasten. 

YERMA

No tenemos hijos... ¡Juan!

JUAN

Dime

YERMA

¿Es que yo no te quiero a ti?

JUAN

Me quieres.

YERMA

Yo conozco muchachas que han temblado y que lloraban antes de entrar en la cama con sus maridos. ¿Lloré yo la primera vez que me acosté contigo? ¿No cantaba al levantar los embozos de holanda? Y no te dije: "¡Cómo huelen a manzanas estas ropas!"

JUAN

Eso dijiste.

YERMA

Mi madre lloró porque no sentí separarme de ella. ¡Y era verdad! Nadie se casó con más alegría. Y, sin embargo...

JUAN

Calla. Demasiado trabajo tengo yo con oír en todo momento...

YERMA

No. No me repitas lo que dicen. Yo veo por mis ojos que eso no puede ser... A fuerza de caer la lluvia sobre las piedras, éstas se ablandan y hacen crecer jaramagos, que las gentes dicen que no sirven para nada. "Los jaramagos no sirven para nada", pero yo bien que los veo mover sus flores amarillas en el aire.

JUAN

¡Hay que esperar!

YERMA

Sí, queriendo. 

(Yerma se abraza y besa al marido, tomando ella la iniciativa)

JUAN

Si necesitas algo me lo dices y lo traeré. Ya sabes que no me gusta que salgas.

YERMA

Nunca salgo.

JUAN

Estás mejor aquí.

YERMA

SÍ.

JUAN

La calle es para gente desocupada.

YERMA (Sombría)

Claro. 


    Este fragmento pertenece al acto primero de Yerma (1934) de Federico García Lorca ( 1898-1936). Ya tocaba que el teatro tuviese representación en este rincón literario...

    Yerma se estrenó el 29 de diciembre de 1934 en el Teatro Español de Madrid, por la compañía titular del mismo, encabezada por la gran actriz Margarita Xirgu. El éxito de crítica y de público fue extraordinario, teniendo como referencia que el 12 de marzo de 1935 se celebró la centésima representación de la obra. 

    Durante muchos años las representaciones del teatro de Lorca estuvieron prohibidas en España. Yerma volvió a los escenarios en 1960, con la actriz Aurora Bautista en el papel de Yerma. Todas y cada una de las representaciones de la obra han resultado exitosas,  no solo en España, sino en Italia, Francia, Inglaterra y distintos países de América.

    Mucho se ha hablado y escrito sobre ese "dolor de vivir" que inunda la obra de Lorca, tanto lírica como dramática. En su teatro predomina la tragedia, el mito del deseo imposible, el conflicto entre la realidad y el deseo (del cual hablaría también Luis Cernuda) y la frustración como elemento unificador de las obras. Lorca pone en escena destinos trágicos, pasiones condenadas a la soledad o la muerte y en la mayor parte de su obra esto aparece encarnado en las mujeres. En el desarrollo de la frustración destaca fundamentalmente el plano social: las convenciones, los prejuicios de casta, los yugos sociales... estos son los que impiden la realización personal. 

    Para Lorca el teatro era sumamente importante. Desde 1932 dirigió "La Barraca", grupo de teatro universitario que, con el apoyo del gobierno republicano, recorrió los pueblos de España representando obras clásicas. En palabras de Lorca " el teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre". También cree firmemente en el poder didáctico del teatro, en su función educadora, considerándolo uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país. 

    Pasando a cuestiones de estilo y lenguaje, en sus obras teatrales conviven la poesía y la realidad, el habla con sabor popular y el aliento poético. 

    Volviendo a la obra que nos ocupa hoy, el propio Lorca declaró que Yerma carece de argumento porque es un carácter desarrollado a lo largo de la obra.Yerma lleva dos años casada con Juan y espera con ansiedad la llegada de un hijo. Su marido, sin embargo, no parece compartir ese deseo. La boda fue decidida por el padre de Yerma y esta la aceptó pensando que pronto sería madre. Pero Yerma está condenada desde el principio, como bien indica la simbología de su nombre. Por eso empieza a debatirse entre la esperanza y la desesperación y, a medida que va pasando el tiempo, el carácter de Yerma se va endureciendo hasta el punto de crear una tensión, no solo con su marido, sino consigo misma y, en cierto modo, con la sociedad que le marca un sometimiento a unas normas.

    En el fragmento seleccionado todavía la vemos querer al marido, cuidarlo. Pero ya se observa también esa diferencia en el modo de esperar la llegada del hijo. A Juan no le preocupa, incluso dice "no tenemos hijos que gasten". Eso decepciona por completo a Yerma. Ella le recrimina al marido que no le pone ganas, que hay que esperar queriendo. A lo largo de la obra se insinuará la posible impotencia de Juan...Pero Yerma está condenada y atada a Juan por el concepto de la honra, por mucho que piense que habría sido madre si se hubiese casado con Víctor, el pastor, y de quien se intuye que estaba enamorada. Yerma es una mujer sometida a esas convenciones sociales, sin opción a ninguna solución posible como indicará el trágico final.

    Hay muchos temas o subtemas a tratar en la obra: la maternidad, el amor frustrado, la honra, la conducta social, el sometimiento de la mujer (aquí vemos como Juan no quiere ni que salga a la calle a comprar)...

    El propio Lorca habló de una trilogía relacionando Yerma, Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba. Si yo tuviera que quedarme con una, sería indudablemente Yerma. Curiosamente es la única que no he visto representada... Pero sí vi la adaptación cinematográfica dirigida por Pilar Távora en 1998 con las magistrales interpretaciones de Aitana Sánchez Gijón en el papel de Yerma y Juan Diego en el de Juan. En más de una ocasión se la he puesto a mis alumnos.

    Ya que no podemos esperar que llegue una compañía de teatro a nuestra localidad y nos deleite con la representación de Yerma, recomiendo encarecidamente su lectura. Vamos a vibrar con los sentimientos extremos de su protagonista y vamos a valorar su evolución de la alegría a la amargura y su aceptación, o no, de su lugar en la sociedad y lo que se espera de ella. 

21 octubre 2021

Seda

    Aunque su padre había imaginado para él un brillante porvenir en el ejército, Hervé Joncour había acabado ganándose la vida con una insólita ocupación, tan amable que, por singular ironía, traslucía un vago aire femenino.

    Para vivir, Hervé Joncour compraba y vendía gusanos de seda.

    Era 1861. Flaubert estaba escribiendo "Salammbô", la luz eléctrica era todavía una hipótesis y Abraham Linclon, al otro lado del océano, estaba combatiendo en una guerra cuyo final no vería.

    Hervé Joncour tenía treinta y dos años.

    Compraba y vendía.

    Gusanos de seda.

[...]

    Lavilledieu era el nombre del pueblo en que Hervé Joncour vivía. 

    Hélène, el de su mujer.

    No tenían hijos.

[...]

    Si se lo hubieran preguntado, Hervé Joncour habría respondido que su vida continuaría de ese modo para siempre.


    Estos fragmentos forman parte del inicio de Seda (1996), novela del italiano Alessandro Baricco (Turín 1958). Probablemente sea su novela más leída, convertida en best-seller y adaptada al cine en 2007 con los papeles protagónicos de Keira Knightley y Michael Pitt.

    Llegué a esta novelita por recomendación de una buena amiga y gran lectora, Rosa. En ese momento no sabía qué leer y me dijo que esta obrita era cómoda y me iba a gustar. La verdad es que no erró. 

    Hablamos de la historia de un comerciante de gusanos de seda que viaja a Japón para conseguir huevos de calidad... Esta presentación me desconcertó bastante pues en principio no era una temática que me atrajese... Pero este comerciante acaba cautivado de unos inquietantes ojos de una mujer de rasgos occidentales: la amante de Hara Kei, el señor de las tierras que producen los mejores huevos de gusano del mundo. Mientras tanto, en Francia lo esperan su mujer, de la que está profundamente enamorado, y toda una población que vive de los huevos que él compra. Este sería el armazón de la historia, así que le di una oportunidad.

    Alessandro Baricco prsentaba la edición italiana de Seda con estas palabras: "Esta no es una novela. Ni siquiera es un cuento. Esta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago, no se sabe. Se podría decir que es una historia de amor. Pero si solamente fuera eso, no habría valido la pena contarla. En ella también están entremezclados deseos, y dolores, que se sabe bien lo que son, pero que no tienen un nombre exacto que los designe. Y, en todo caso, ese nombre no es amor. Todas las historias tienen una música propia. Esta tiene una música blanca. Es importante decirlo porque la música blanca es una música extraña, a veces te desconcierta: se ejecuta suavemente y se baila lentamente. Cuando la ejecutan bien es como oír el silencio y a los que la bailan estupendamente se les mira y parecen inmóviles."

    No puedo estar más de acuerdo con esta presentación de la obra. Cierto es que, leyendo cada una de sus páginas, pareciera que tuviese la cadencia de una obra musical que te va guiando lentamente... Vas leyendo y parece que no pasa "nada", pero pasa "todo" aunque de una forma muy sutil...

    A la pregunta de si sus obras se enmarcaban en lo onírico, Alessandro Baricco contestó: " Para mí existe la realidad que nos rodea, que está aquí, llena de cosas palpables. [...] Pero también hay otra parte de la vida en la que no interesa tanto entender qué es real y que aparece cuando la realidad se gira y le ves la espalda. Mis libros son un poco así. Hablan de una cierta realidad, después de que la he observado, la he volteado y he mirado lo que hay detrás." ¿Y qué hay detrás?- le preguntaron. ¿Es la belleza lo que estás buscando como fin, como destino? "Más que belleza, es una fuerza, una intensidad. Yo creo que todos necesitamos intensidad. Sin ella nos morimos."

    Efectivamente, Seda es una obra muy cortita, aparentemente simple, pero con momentos muy intensos. Además, al menos yo, no llegué a esperar uno de esos momentos y me resultó realmente conmovedor. 

    Me ha resultado muy curiosa esta afirmación de Baricco sobre esta obra: "Es el tercer libro que escribí y cuando se lo entregué a mi editor le dije: lo siento mucho. Es muy corto, muy simple, pero necesitaba escribirlo".

    Un libro que se presenta como la necesidad de un escritor, como inevitable escribirlo, es porque está sustentado sobre sentimientos poderosos. Os invito a descubrirlos...

  

06 octubre 2021

Elogio de la madrastra

        El día que cumplió cuarenta años, doña Lucrecia encontró sobre su almohada una misiva de trazo infantil, caligrafiada con mucho cariño:

"¡Feliz cumpleaños, madrastra! No tengo plata para regalarte nada pero estudiaré mucho, me sacaré el primer puesto y ese será mi regalo. Eres la más buena y la más linda y yo me sueño todas las noches contigo. ¡Feliz cumpleaños otra vez!  Alfonso"

        Era medianoche pasada y don Rigoberto estaba en el cuarto de baño entregado a sus abluciones de antes de dormir, que eran complicadas y lentas. (Después de la pintura erótica, la limpieza corporal era su pasatiempo favorito; la espiritual no lo desasosegaba tanto). Emocionada con la carta del niño, doña Lucrecia sintió el impulso irresistible de ir a verlo, de agradecérsela. Esas líneas eran su aceptación en la familia, en verdad. ¿Estaría despierto? ¡Qué importaba! Si no, lo besaría en la frente con mucho cuidado para no recordarlo.

        Mientras bajaba las escaleras alfombradas de la mansión a oscuras, rumbo a la alcoba de Alfonso, iba pensando: "Me lo he ganado, ya me quiere". Y sus viejos temores sobre el niño comenzaron a evaporarse como una leve niebla corroída por el sol del verano limeño.


    Así empieza la novela Elogio de la madrastra de Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936), premio Nobel de Literatura en 2010, Príncipe de Asturias de las Letras en 1986 y Premio Cervantes en 1994. Semejante carta de presentación no necesita más comentario.

    Recuerdo hoy esta novela porque fue lo primero que leí de él, estando todavía en el instituto. Tengo mucho que agradecerle a mis profesoras de Literatura, sí de Literatura, aquella época dorada en la que la materia estaba dividida en varias asignaturas (Lengua, Literatura y Comentario de Texto) y que hoy ha quedado reducida a tres escasas horas semanales.... Andrea y Elena, mis profesoras de Literatura, me mostraron un mundo literario que se alejaba en ocasiones del encorsetamiento de los libros de texto y del currículo, presentando la literatura como una verdadera manifestación artística capaz de mover sensibilidades. Quizás por eso varios de sus alumnos nos dedicamos hoy al mundo de la enseñanza en el ámbito de las Letras y la Música.

    En esta novela que comentamos Vargas Llosa domina el arte de narrar en el plano del erotismo y de la seducción y juega con esa relación. De hecho, la novela se publicó en 1988 en la colección "La Sonrisa Vertical", dirigida por Luis García Berlanga (a quien Vargas Llosa le dedicó la novela),  dentro de la editorial Tusquets. 

    Podríamos decir que la obra muestra una red de perversidad que enreda poco a poco a sus tres personajes principales: la sensual doña Lucrecia, la madrastra; don Rigoberto, el padre, solitario practicante de rituales higiénicos y fantaseador amante ( personaje que más tarde desarrollaría en la novela Los cuadernos de don Rigoberto) ; y el inquietante Fonchito, hijo de don Rigoberto, cuya angelical presencia y anhelante mirada parecen corromperlo todo...

    En cuanto a técnica literaria me gusta que el mundo ficticio se encuentra organizado inicialmente a partir de un equilibrio entre realidad e imaginación, que es lo que permite cierto orden. Y todo ello contado a través de dos narradores: uno omnisciente, que describe los hechos que tienen lugar en la mansión; otro en primera persona, que salta de personaje en personaje a medida que estos elaboran sus propias fantasías.

       Si leemos la obra en profundidad, supera el erotismo con el que ha sido catalogada y presenta una reflexión múltiple sobre el concepto de felicidad, sobre sus oscuras motivaciones y los paradójicos entresijos del poder corrosivo de la inocencia. 

    Cuando le preguntaron a Vargas Llosa: ¿Por qué La ciudad y los perros, Elogio de la madrastra y Los cuadernos de don Rigoberto están tan determinados por la infancia? Contestó lo siguiente: " Las experiencias más importantes que he tenido como escritor, las que me han suscitado más  historias, más personajes, las viví en mi infancia y mi adolescencia, por eso vuelvo tanto a esa época no solo de mi vida sino de mi país, o del mundo en el que yo crecí. La única patria del hombre es la infancia, decía Rilke". Dedicándome al mundo de la enseñanza no puedo permanecer indiferente ante tal afirmación.

    En cuanto al concepto que tiene Vargas Llosa de su obra y de la Literatura, me han llamado la atención las siguientes afirmaciones que hizo en distintas entrevistas:

" Escribir...No quiero dar mensajes, quiero contar historias; escribir es enriquecer nuestras experiencias con historias imaginarias, enriquecer nuestra sensibilidad, aumentar nuestro desasosiego frente al mundo tal como lo vemos".

" A la Literatura no hay que pedirle que sea optimista, ni que defienda valores positivos... Hay que exigirle que sea excelente, creativa, que pueda contagiarnos con sus mentiras e invenciones. Y si lo consigue, es útil, nos da razones para vivir. Pero nunca su función es promover la esperanza". 

    Dejo al lector de este blog que extraiga las conclusiones que considere sobre ese concepto de Literatura que defiende Vargas Llosa. Al escribir estas citas, sobre todo la segunda, he recordado la entrada que publiqué de Murakami, pues él también decía que quería que el lector sintiese lo que estuviesen sintiendo sus personajes, que si un personaje, por ejemplo, estaba enfermo, el lector sintiese los efectos de esa enfermedad. Ese era su objetivo, crear sensaciones y emociones. En esto coinciden los dos autores y, ciertamente, puede haber alguna conexión entre sus obras...

     Puede ser que le tenga especial cariño a Elogio de la madrastra porque fue la primera novela que leí de Vargas Llosa y además la trabajé, digamos que en profundidad, porque una lectura que me mandaron en clase. Luego, he disfrutado mucho leyendo otras obras de este autor como son Pantaleón y las visitadoras o  La casa verde. Leí Los cuadernos de don Rigoberto por aquello de que era la continuación del Elogio, pero me dejó una sensación muy extraña... En cualquier caso, recomiendo leer Elogio de la madrastra pues seguro que no dejará indiferente a ningún lector.


15 septiembre 2021

Andando

 Andando

(Sueño)

Andando, andando;

que quiero oír cada grano

de la arena que voy pisando.


Andando, andando;

dejad atrás los caballos,

que yo quiero llegar tardando

-andando, andando-,

dar mi alma a cada grano

de la tierra que voy pisando.


Andando, andando.

¡Qué dulce entrada en mi campo,

noche inmensa que vas bajando!


Andando, andando.

Mi corazón ya es remanso; 

ya soy lo que me está esperando

-andando, andando-,

y mi pie parece, cálido,

que me está el corazón besando.


Andando, andando;

¡que quiero ver todo el llanto

del camino que estoy cantando!


Con este poema de Juan Ramón Jiménez (1881- 1958) damos comienzo a este nuevo curso académico. Y lo hacemos con la ilusión de empezar a andar por un camino en el que encontraremos mil obstáculos,  no hay duda, pero no por eso dejaremos de caminar cantando, como dice el poema, poniendo el alma en cada paso que damos hasta el punto de que  sintamos que nos "está el corazón besando". Así afronta un nuevo curso un profesor.

Necesitaría más de una entrada para hablar de Juan Ramón Jiménez ... Poeta cuya vocación es temprana y absoluta. Él mismo diría: " Yo tengo escondida en mi casa, por su gusto y el mío, a la Poesía. Y nuestra relación es la de los apasionados". 

Su trayectoria poética demuestra, ante todo, una excepcional inquietud renovadora.  Sus poemas son ejemplo de la talla intelectual y estética de un autor cuyo contexto no es el de la poesía española de su tiempo sino el de un universo propio. Juan Ramón dijo de su escritura: "Me represento mi escritura como un mar verdadero, porque está hecha de innumerables olas; como un cielo verdadero, porque está hecha de innumerables estrellas; como un desierto verdadero, porque está hecha de innumerables granos de arena. Y como el cielo, el mar y el desierto está siempre en movimiento y en cambio". Por eso mismo superó distintas corrientes, desde el Postromanticismo, Modernismo, poesía pura... y fue reconocido su magisterio en grandes poetas hispanos, incluída la Generación del 27. 

Hombre de temperamento depresivo y de una sensibilidad exacerbada, concibe la poesía como la respuesta a tres impulsos: sed de belleza, ansía de conocimiento y anhelo de eternidad. Esos son los pilares de su obra. 

El poema que recordamos hoy pertenece a Baladas de primavera. Nos encontramos en la primera etapa de su obra, en la llamada "etapa sensitiva". En estos primeros poemarios  predominan las descripciones del  paisaje como reflejo del alma del poeta. 

Terminamos el comentario del poema que ofrecemos con dos citas de Juan Ramón Jiménez que explican su concepto de escritura y que nos dan un motivo para acercarnos, siempre, a la poesía:

    " Quiero...suplir con belleza las fealdades o darles melodía simplemente; hacerme, en suma, yo mismo, otra vez, desde lo primero, y a mi gusto. Porque esto es el arte, gusto, deleite, encanto; echarse a conciencia y heroicamente, a un tiempo, en la tabla del mundo y jirar con él, a su música infinita, por los eternos espacios" (Sí, "jirar" con "j", así lo escribió Juan Ramón por ese concepto peculiar que tenía de la ortografía. Recordemos el famoso "Intelijencia dame").

    "No pretendo que mi escritura se lea seguida, ni lo deseo. Mi gusto es hacerla Biblia, digo libro donde, aquí y allá, encuentre siempre el que la lea y como sorpresa contagiosa, líneas de belleza".


27 junio 2021

Estoy cansado

 Estar cansado tiene plumas,
Tiene plumas graciosas como un loro,
Plumas que desde luego nunca vuelan,
Mas balbucean igual que loro.

Estoy cansado de las casas,
Prontamente en ruinas sin un gesto;
Estoy cansado de las cosas,
Con un latir de seda vueltas luego de espaldas.

Estoy cansado de estar vivo,
Aunque más cansado sería el estar muerto;
Estoy cansado del estar cansado
Entre plumas ligeras sagazmente,
Plumas del loro aquel tan familiar o triste,
El loro aquel del siempre estar cansado.

Este poema de Luis Cernuda (1902-1963) pertenece al poemario Un río, un amor (1929) y a su etapa surrealista. Me ha venido a la mente este título porque es el sentimiento que nos invade a muchos en estos días. Estamos cansados, sí, esto lo hemos dicho cada final de curso... pero este ha sido especialmente duro. Nunca nos habíamos tenido que enfrentar a comenzar un curso en plena pandemia, con más incertidumbres y miedos que ilusión. En septiembre volvimos al instituto pensando que todo era susceptible de ser peligroso y quizás a muchos nos atrapó la  inquietud. Sin embargo, al poco tiempo nos dimos cuenta de que también nosotros teníamos que dar lo mejor de nosotros mismos y ser ejemplo para nuestros alumnos. Toda la comunidad educativa del instituto Salduba supo encarar con valentía y decisión este reto que suponía el curso 2020/2021. Todos los miembros que formamos parte de esta gran familia, absolutamente todos, han dado lo mejor de si y han demostrado vocación, profesionalidad y, por parte de nuestros alumnos y sus familias,  colaboración y respeto. 
Todos estamos cansados porque ha sido un curso agotador al tener que atender a tantas circunstancias: positivos, confinamientos, semipresencialidad y hasta cambios de legislación en cuanto a la evaluación de algunos cursos anunciados de manera precipitada. Pero eso no ha impedido que nuestro instituto volviese a ser un centro lleno de vida, de creatividad y de proyectos ilusionantes. 
Por todo ello, hoy no voy a explicar ni comentar a Luis Cernuda (poeta que, además, merece una entrada con más desarrollo), solo quiero daros las gracias a todos porque, aunque estemos agotados, precisamente  lo estamos por habernos entregado más si cabe a nuestra labor como docentes, pensando siempre en lo mejor para nuestros alumnos. Gracias a todos los que habéis hecho posible que vivamos un curso con toda la normalidad que se podía en plena pandemia. ¡Felices y merecidas vacaciones!

06 mayo 2021

Una pasión rusa

     "La vida puede resultar caprichosamente difícil cuando te han mimado demasiado en la infancia. Lina no pretendía que ese pensamiento, repetido hasta la saciedad por su familia con vocación de convertirlo en mantra, justificara su realidad en aquel desierto de hielo perpetuo, donde el invierno duraba ocho meses, la temperatura superaba los cincuenta grados bajo cero y los vientos del Ártico llegaban preñados de tormentas de nieve que alfombraban en varios metros la letal tundra de musgo y barro que se escondía bajo sus pies. Hacía mucho tiempo que había dejado de preguntarse por qué el destino había decidido vengarse de ella en aquel lugar al norte del paralelo 67.

    Su vida había sido una fiesta hasta que alguien apagó la luz y unos brazos de hierro forjado le rompieron la existencia. Pudo haberlo intuido, haber interpretado las señales que ahora emergían claras y nítidas ante sus ojos, incluso con la ceguera nocturna que padecía desde que aquel infierno helado se había convertido en su único hogar, y que le hacía recorrer los barracones del campo de concentración convertida en una sombra. [...]"


    "A lo único que temía era al olvido. Era su único lujo, que los recuerdos anclados en el pasado le abrigaran lo suficiente para no sentir el gélido presente que caía sobre ella. Sabía que un día de trabajo en el gulag restaba un año de vida, pero una noche de recuerdos la prolongaba meses. Agradeció que nada se borrara de su memoria. La memoria era el único rompehielos de la realidad del que disponía. La única vida que concebía para no ser vencida por el destino era un paseo por sus recuerdos. Es cierto que los recuerdos duelen y escuecen como lo hace el alcohol vertido sobre una herida abierta. Pero al final curan, sanan el cuerpo magullado y alejan la infección, aunque la cicatriz deje un tatuaje sobre la piel que nunca desaparecerá."


Estos  fragmentos pertenecen a la obra Una pasión rusa, de la escritora madrileña Reyes Monforte (1975). En esta ocasión voy a comentar la novela que estoy terminando de leer; aunque no haya llegado al final, no creo que me decepcione y a día de hoy la recomendaría sin ninguna duda. Es una novela histórica, de hecho ganó el Premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio 2015.

La novela presenta la historia de amor de la española Lina Codina (1897-1989) y el compositor ruso Serguéi Prokófiev (1891-1953). El relato se inicia con Lina recluida en el gulag, acusada de espionaje y traición a la patria (primer fragmento). Ese es el punto de partida y ella nos llevará al momento en el que conoce a Serguéi en Nueva York y se enamora de él. 

Reyes Monforte dijo en una entrevista: «Carolina Codina vivió lo mejor y lo peor del siglo XX. Vivió en el Nueva York de los rascacielos, en el Carnegie Hall fue donde conoció a Serguéi Prokófiev, en un concierto, fue un amor a primera vista; vivió el glamour y el lujo; vivió en los años 20 en París, fue íntima amiga de Hemingway, de Matisse, de Cocteuau, de Coco Chanel, [...]. De un paraíso terrenal pasó a un infierno porque el matrimonio Prokófiev decidió volver a a Rusia engañado por Stalin, que les dijo que no iban a tener ningún problema, que iban a vivir y viajar en libertad y luego no pasó nada de eso y terminó condenada por espía, que era mentira, a 20 años en un campo de concentración ruso, en un gulag.»

El primer fragmento pertenece justo al principio de la novela; el segundo, a unas páginas siguientes. He seleccionado el segundo fragmento porque me ha gustado el valor que le da a la memoria, a los recuerdos. Es un tema que ya  se ha comentado en otros autores que hemos presentado en este blog: los recuerdos como abrigo del alma, aunque puedan escocer, siempre curan.

La novela viene introducida por unas citas que también me han parecido muy interesantes a modo de reflexión. Son las siguientes:

Tenemos que vivir. No importa cuántos cielos hayan caído.  D.H. Lawrence.

Fue entonces cuando aprendí que el amor no es solo una fuente de alegría o un juego, sino que también forma parte de la incesante tragedia de la vida, pues constituye tanto su condena eterna como la fuerza abrumadora que le da sentido.  Nadezhda Mandelstam.

Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de firmas inconstantes, ese montón de espejos rotos. Jorge Luis Borges.

Podré quedarme solo, pero jamás cambiaré por un trono la libertad de mi pensamiento. Lord Byron.

Independientes, todas estas citas me resultan bellas y profundas. Leídas en el conjunto de la trama de la novela, estas citas se muestran como ejemplo de la esencia de la misma.

Al lector aficionado a la historia, esta novela le va a resultar fascinante, pues recrea con detalle los momentos más significativos del siglo XX. Al leer algunas páginas uno llega a pensar que está paseando por las calles de París...No obstante, el contenido histórico no llega a resultar pesado, ya que la autora, en mi opinión, ha sabido conjugarlo con la novelización del amor de Lina y Serguéi, consiguiendo  el equilibro de ambos aspectos. 

Por otro lado, es interesante también descubrir la obra del compositor. Yo de Prokófiev solo conocía su Romeo y Julieta, (bueno, una parte, no al completo) y me gusta mucho. A lo largo de la novela se mencionan muchas de sus obras y se observa el proceso de creación de las mismas. Esto invita al lector a acercarse a esas composiciones, para penetrar mejor en la esencia de la historia. Yo, por ejemplo, busqué en internet la obra de Prokófiev con la que Lina quedó impresionada y enamorada de él. 

Una novela que ofrece rigor histórico, música y amor no puede decepcionar a ningún lector.