08 abril 2021

Al sur de la frontera, al oeste del Sol

"Éramos un caracol que había perdido el caparazón y una rana que había perdido las membranas. La apreté con fuerza contra mi pecho. [...] Ella apoyó la palma de la mano sobre mi corazón. Su tacto se fundió con mis latidos. "Es diferente de Shimamoto", pensé. "No me da lo que Shimamoto me daba. Pero es mía y quiere ofrecerme todo lo que puede. ¿Cómo podría hacerle daño?

Entonces no lo sabía. No sabía que era capaz de herir a alguien tan hondamente que jamás se repusiera. A veces, hay personas que pueden herir a los demás por el mero hecho de existir."


"-Mirando la fotografía, habría jurado que eras feliz -dije.

Shimamoto negó moviendo lentamente la cabeza. En el rabillo del ojo se le dibujaron unas encantadoras arrugas. Parecía estar recordando alguna escena lejana en el tiempo.

-¿Sabes, Hajime? -dijo-. A través de una fotografía no puedes comprender nada. No es más que una sombra. El verdadero yo está en otro sitio. Y eso no sale reflejado en la  imagen.

Aquella fotografía hacía que me doliera el corazón. Al mirarla, me daba cuenta de cuánto tiempo había perdido. Un tiempo precioso que jamás volvería. Un tiempo que, por más que me esforzara, jamás podría recuperar. Un tiempo que únicamente existía en aquel instante y en aquel lugar. Mantuve los ojos fijos en la fotografía durante largo rato.

-Por qué la miras con tanta atención? -dijo Shimamoto.

-Para llenar ese espacio de tiempo -le respondí-. No te he visto durante más de veinte años. Quiero llenar ese vacío.

Ella miró sonriendo como si algo le hubiera parecido extraño. Como si yo tuviera algo raro en la cara.

-¡Qué curioso! -exclamó-. Tú quieres llenar el vacío de esos años y yo quiero dejar esos años en blanco."


 Estos dos fragmentos pertenecen a la novela  Al sur de la frontera, al oeste del Sol, del escritor japonés Haruki Murakami (Kioto 1949).

Murakami es un autor que me ha tenido totalmente desconcertada. Esta novela que presento hoy fue el primer contacto que tuve con él. La leí con intensidad, pues me atrajo de una forma que no podía dejar de leer...pero al llegar al final sentí un sentimiento de vacío. Quizás me había generado demasiadas expectativas y me sentí en cierto modo estafada. Pensé que no iba a leer nada más de él, pero al poco tiempo cayó en mis manos su novela Crónica del pájaro que da vuelta al mundo y este sugerente título me sirvió para darle otra oportunidad. Disfruté mucho leyéndolo; al igual que la primera novela, consiguió engancharme desde el principio. Me preocupaba llegar al final... ciertamente no sabía qué podía esperar. En esta ocasión la sensación no fue de estafa, sino más bien de no entender muy bien ese final. Me dije: "Ya no más. Ya sé quién es Murakami". Pero no fue así... Me regalaron Hombres sin mujeres, una colección de cuentos. Y, claro, lo leí. Me agradó comprobar que  también era capaz de generar esa expectación en el formato del cuento. Descubrí historias con gran intensidad, a pesar de su brevedad. Los finales me siguieron descolocando, lo tengo que reconocer, pero ya me rindo. Me gusta Murakami, me gusta cómo consigue atraparme en cada una de sus historias. Y hasta me estoy planteando comprarme su novela más emblemática, Tokio Blues, y ponerme a leerla en cuanto acabe el que tengo empezado.

Murakami es un escritor que suena reiteradamente como candidato al premio Nobel de Literatura. Sus traductores comentan que su prosa es sencilla y directa, es decir, no destaca por la belleza formal del lenguaje. Estoy de acuerdo, no destaca en ese aspecto, pero logra un acceso inmediato al inconsciente colectivo por medio mundo usando herramientas tan banales como la simplicidad, la intriga narrativa o el pop. Sus obras dan acceso a infinitos mundos interiores, que es donde creo que reside su éxito; afectan al lector de manera impredecible, haciéndole sentir que aquello que se le cuenta no está escrito sino que está sucediendo en el acto para que sea él quien termine de convertirlo en íntima trama. Quizás por eso al principio me sentí estafada con sus finales, porque exigen de mí. Las obras de Murakami requieren la implicación del lector. 

En una entrevista, Murakami, al comentarle el periodista "el modo en que sus relatos convocan todos los sentidos. Hay música, sexo, comida..." él respondió: "Me gustan las cosas físicas. Si escribo sobre alguien que bebe una cerveza, espero que los lectores quieran una. Busco imprimirle a mi literatura esa dimensión porque confío en la reacción corporal como algo auténtico, inmanejable, y si aparece, creo que la historia está funcionando. Si alguien en el libro enferma, me gustaría que el lector viviera sus síntomas. Ese es el propósito del relato". Estas palabras me resultaron reveladoras para entender mejor su universo narrativo.

En las obras de Murakami también tiene una presencia importante lo onírico, pero los personajes son conscientes en todo momento de la extrañeza de lo que están viviendo y lo viven como un sueño lúcido. Es decir,la forma en que  lo fantástico interactúa con lo cotidiano se aleja del realismo mágico que ya comenté en otras entradas. A este respecto Murakami dijo: " Para mí, escribir una novela es como soñar; me permite soñar adrede mientras estoy despierto. Puedo continuar un día el sueño del día anterior, algo que no puede hacerse normalmente. Es también una forma de descender profundamente en mi conciencia. Así que aunque sea algo onírico, no es fantasía. Para mí lo onírico es muy real". De ahí que sus obras presenten dos estilos: onírico y realista.

Al sur de la frontera, al oeste del Sol es una novela más realista que onírica, dotada de fatalismo y sensibilidad únicos. La intervención del misterio no acarrea la ruptura del orden real, pero introduce una crítica a la percepción ordinaria del mundo que nos plantea la idea de dónde están los límites, de sobrepasarlos, de llegar a ese sur o a ese oeste y huir, aunque solo sea una vez. La entiendo como una novela introspectiva que muestra la facilidad con que se pierde el control de la propia vida y se destruye todo lo que se consideraba sólido y estable ( en este caso, un vida de éxito profesional y un matrimonio feliz con dos hijas). También se puede entender como una crónica del fracaso y la insatisfacción.

Os animo a leer esta novela, o cualquiera de Murakami, pues seguro que no os dejará indiferentes. Hay que leer en algún momento algo de Murakami, posiblemente el escritor japonés más famoso allende los mares. Un escritor criticado en ocasiones por la crítica de su país, que lo acusa de mostrar en sus obras la idea de Japón que tienen los lectores extranjeros y de estar americanizado. Es cierto que sus referentes son más occidentales que nipones (en esta obra, por ejemplo, la presencia de los clubs de jazz) y esto lo diferencia del resto de autores japoneses.  Pero Murakami no está alejado de la realidad de Japón. En Crónica del pájaro que da cuerda al mundo muestra las raíces sangrientas de Japón a través de los recuerdos gore del teniente Mamiya en la guerra de Manchuria, por poner un ejemplo. En cualquier caso, americanizado o no, yo recomendaría siempre leer a Murakami. 

25 marzo 2021

Memoria de la melancolía

 La memoria puede tener los ojos indulgentes. Ya no llegan a nosotros los ruidos vivos sino los muertos. Memoria del olvido, escribió Emilio Prados, memoria melancólica, a medio apagar, memoria de la melancolía. No sé quién solía decir en mi casa: hay que tener recuerdos. Vivir es tan importante como recordar. Lo espantoso era no tener nada que recordar, dejando detrás de sí una cinta sin señales. Pero qué horrible es que los recuerdos se precipiten sobre ti y te obliguen a mirarlos y te muerdan y se revuelquen sobre tus entrañas, que es el lugar de la memoria. [...]

Somos el producto de lo que otros han irradiado de sí o perdido, pero creemos que somos nosotros [...]. Yo siento que me hice del roce de tanta gente: de la monjita, de la amiga de buen gusto, del tío abuelo casi emparedado, del chico de los pájaros, del beso, de la caricia, del insulto, del amigo que se nos insinuó, del que nos empujó, del que nos advirtió, del que callado apretó los dientes y sentimos aún la mordedura... Todos, todos. Somos lo que nos han hecho, lentamente, al correr tantos años"


Estos fragmentos pertenecen a la obra Memoria de la melancolía de María Teresa León (Logroño 1903- Madrid 1988), figura clave del comunismo en el exilio y de la lucha por la libertad y la igualdad, pero, sobre todo, escritora. Esta obra es la autobiografía de una mujer que amaba a su país, luchó por él y lo echó de menos cada día que pasó en el exilio. De hecho, empieza a escribirla durante su exilio en Roma, a finales de la década de 1960, y  fue publicada en 1970, cuando todavía no había podido regresar a España.

Desde muy joven fue una mujer de acción. Tuvo dificultades para seguir con sus estudios más allá de los estipulados 14 años. De hecho, fue expulsada del colegio de monjas, según ella, por empeñarse en hacer el bachillerato y por leer libros prohibidos. Pero esto no la desanimó y consiguió estudiar en la Institución Libre de Enseñanza y licenciarse en Filosofía y Letras. 

María Teresa se casa, mejor dicho, deciden que se casa, en 1920, cuando tenía 16 años y pronto será madre de dos niños. En 1929 conoce a Rafael Alberti y rompe su matrimonio para iniciar una vida con él. En 1932 se casan por lo civil y empiezan a viajar por toda Europa gracias a una beca que recibieron para estudiar el movimiento teatral europeo. 

El estallido de la guerra civil les pilla en Ibiza. Durante este periodo María Teresa fue secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas y fundó la revista "El mono azul". Tras la derrota republicana  el matrimonio tiene que exiliarse y pasará temporadas en Francia, Argentina (donde nace su hija Aitana) e Italia. 

"Estoy cansada de no saber dónde morirme". Estas eran las palabras que repetía María Teresa durante su exilio. Quizás para no olvidarse de lo que le habían hecho o para recordar que todavía le quedaba el regreso... Finalmente, el matrimonio consigue regresar a España en 1977, cuando las condiciones políticas y sociales eran favorables; pero María Teresa ya viene padeciendo la dura enfermedad del alzhéimer y ha perdido la memoria.

A la sombra de Rafael Alberti, su marido durante más de medio siglo, la escritora produjo una variada y destacada obra literaria que incluye teatro, novela, cuentos, ensayo y guiones cinematográficos; obra que ha pasado desapercibida en su mayoría para el gran público e incluso para gran cantidad de entendidos.

Los dos textos que he seleccionados me resultan impactantes. Destaca la importancia de la memoria, no cabe duda que motivada por el diagnóstico de la enfermedad. Me gusta la visión de la memoria como algo vital, hasta el punto de que "vivir no es tan importante como recordar". Como ella dice "hay que tener recuerdos", aunque a veces  nos obliguen a mirarlos y nos muerdan.

Con el segundo fragmento creo que muchos nos podemos sentir identificados. "Somos el producto de lo que otros han irradiado de sí". Indudablemente somos una consecuencia de nuestro contexto, desde que nacemos. No se trata de que somos seres autómatas, sino que somos seres sociales que compartimos, nos relacionamos e interactuamos. Es necesario ir forjando una personalidad única, una individualidad que nos singularice, pero somos un producto del correr de los años por nuestras vidas.

Con María Teresa León terminamos el mes de marzo dedicado a la Mujer con la ilusión de haber dado visibilidad a tantas y tantas mujeres que quedaron olvidadas en la historia de nuestra literatura y que merecen nuestro reconocimiento.


07 marzo 2021

Quisiera tener varias sonrisas...

 Quisiera tener varias sonrisas de recambio

y un vasto repertorio de modos de expresarme.

O bien con la palabra, o bien con la manera,

buscar el hábil gesto que pudiera escudarme...


Y al igual que en el gesto buscar en la mentira

diferentes disfraces, bien vestir el engaño;

y poder, sin conciencia, ir haciendo a las gentes,

con sutil maniobra, la caricia del daño.


Yo quisiera ¡y no puedo! ser como son los otros,

los que pueblan el mundo y se llaman humanos:

siempre el beso en el labio, ocultando los hechos 

y al final... el lavarse tan tranquilos las manos.


Con este poema de Concha Méndez (Madrid 1898 - Ciudad de México 1986) quiere empezar Letras en Cal el mes de marzo dedicado a las mujeres.

Concha Méndez es una de las voces femeninas más importantes de la llamada Generación del 27; una mujer con las ideas muy claras y con deseos de vivir libremente. Ya en sus primeros poemas se observa su desprecio por la vida encorsetada, diseñada para que las mujeres se convirtieran en excelentes pero aburridas amas de casa. En una entrevista recordaría un episodio de su infancia cuando un amigo de sus padres, de visita en la casa familiar, le preguntaba a sus hermanos qué querían ser de mayores. A ella no le hizo la pregunta, de hecho dice que la ignoraba, por eso se acercó a decirle al señor: "yo voy a ser capitán de barco". El hombre la miró tiernamente y le dijo: "Las niñas no son nada". Con el paso de los años, en esta entrevista, Concha se sentiría orgullosa de "terminar gobernando mi propio barco".

Siendo muy joven se emancipó de la casa paterna y se dedicó a viajar; estuvo en Londres, Montevideo y Buenos Aires, dedicándose ya a cultivar la poesía. Gracias a sus amistades con Luis Cernuda, Rafael Alberti, Federico García Lorca y Luis Buñuel, entró a formar parte del grupo de poetas, artistas e intelectuales que formarían con el tiempo la Generación del 27. Y no solo estaba Concha Méndez sino Maruja Mallo, María Teresa León, Ernestina de Champourcín, Rosa Chacel, Josefina de la Torre... Mujeres que se vieron excluídas de la primera antología de ese grupo poético que pasaría a llamarse del 27 y que realizó Gerardo Diego en 1932 y 1934. Mujeres que han seguido siendo olvidadas en las innumerables ediciones que se editan y reeditan de la Generación del 27. Sin ir más lejos, la antología que yo tengo está realizada por el gran poeta Ángel González y no aparece ninguna mujer...

Concha Méndez no dudaría en enfrentarse a Gerardo Diego por ese menosprecio y le dijo: "Mira, tú nos excluirás, pero yo debajo de la falda llevo un pantalón". A ella se unirían el resto de mujeres artistas e intelectuales de la época que hoy reconocemos como "Las Sinsombrero".

Casada con el poeta malagueño Manuel Altolaguirre (él sí aparece en las antologías...) Concha Méndez estuvo al frente de la imprenta que el matrimonio compró en 1932. Allí fundaron la revista Héroe con el dinero que Concha había ganado en Argentina. Concha diría en sus memorias: "Era yo quien la manejaba, vestida con un mono azul de mecánico. Era difícil y cansado. Cuando salía a la calle con aquel mono, la gente se quedaba extrañadísima; no recuerdo haber visto en todo Madrid a otra mujer vestida con pantalones". 

En 1938 Altolaguirre se alistó en el bando republicano y al inicio de la dictadura tuvieron que exiliarse, primero en La Habana y luego en México, donde se instalaron  de forma definitiva.

El estilo poético de Concha Méndez es directo y sincero, rozando en ocasiones lo intimista, pero sin perder fuerza y carácter. El poema que he seleccionado me gusta especialmente porque pienso que puede reflejar cómo pudo sentirse ella, o cualquier mujer, en muchos momentos de la vida, sobre todo en aquella época que a Concha le tocó vivir, marcada por la idea de que "las niñas no son nada" y por la guerra civil y sus terribles consecuencias. 

Sería estupendo, como ella dice, tener "varias sonrisas de recambio" para cuando no tengamos ánimo... Sería estupendo contar con "un vasto repertorio de modos de expresarme" para llegar a todos y en todos los contextos... Podría ser útil, también, "buscar en la mentira diferentes disfraces", "vestir el engaño" y conseguir "la caricia del daño".Pero... ella no lo consiguió, no pudo ser como son los otros, los que se llaman "humanos", que siempre tienen "el beso en el labio, ocultando los hechos" con el único objetivo de lavarse las manos. 

La editorial Hiperión reeditó en 2017 una antología de los poemas de Concha Méndez. Os animo a conocer su obra, la obra de una mujer que en vida reivindicó sin descanso el espacio que le correspondía. Rindamos homenaje a tantas mujeres que fueron silenciadas a lo largo de la historia y que ahora, que se ha visibilizado su trabajo, comprobamos que fueron parte esencial del desarrollo cultural de nuestro país.

11 febrero 2021

La casa de los espíritus

 " Barrabás llegó a la familia por vía marítima, anotó la niña Clara con su delicada caligrafía. Ya entonces tenía el hábito de escribir las cosas importantes y más tarde, cuando se quedó muda, escribía también las trivialidades, sin sospechar que cincuenta años después, sus cuadernos me servirían para rescatar la memoria del pasado y para sobrevivir a mi propio espanto."


"Alba nació parada, lo cual es signo de buena suerte. Su abuela Clara buscó en su espalda y encontró una mancha en forma de estrella que caracteriza a los seres que nacen capacitados para encontrar la felicidad. "No hay que preocuparse por esta niña. Tendrá buena suerte y será feliz. Además, tendrá buen cutis, porque eso se hereda y a mi edad, no tengo arrugas y jamás me salió un grano", dictaminó Clara al segundo día del nacimiento. Por esas razones no se preocuparon de prepararla para la vida, ya que los astros se habían combinado para dotarla de tantos dones."


El primer fragmento pertenece al comienzo de la novela La casa de los espíritus (1982) de la escritora chilena Isabel Allende (1942). El segundo, pertenece al capítulo IX.

Isabel Allende diría de esta novela que determinó su destino y que la escribió "con inocencia, frescura y sin miedo porque no tenía esperanzas de que fuese publicada". Estamos hablando de su primera novela, pues anteriormente solo había publicado algo de literatura infantil y columnas en una revista. 

Esta novela se publica cuando tiene lugar el boom de la literatura hispanoamericana, donde no había ninguna voz femenina. Quizás Isabel Allende supuso esa novedad, esa mirada femenina en el universo del realismo mágico. 

La novela transcurre durante 60 años de la historia de Chile: las dos décadas previas al golpe de Estado de Pinochet en 1973, el propio golpe y la posterior represión.Todo ello narrado  a través de las vivencias personales de la saga de una poderosa familia de terratenientes.

En esta obra conviven el amor con la revolución y los ideales personales con la dura realidad política.  En un contexto de revolución y contrarrevolución, Allende le da vida a una familia cuyos lazos de amor y de odio son más complejos y duraderos que las lealtades políticas que los enfrentan. Y ahí radica su grandeza.

En esta historia el papel de la mujer y su lucha personal cobran especial relevancia. Son las grandes protagonistas y se muestran poderosas a pesar de todo. Son mujeres con carácter y seguras de sí mismas, dispuestas a luchar contra las imposiciones sociales. Es curioso el juego simbólico que hace con los nombres de las mujeres de las cuatro generaciones de la familia, pues todos ellos hacen referencia a la blancura, a la limpieza, a la pureza espiritual y a la calma: Nívea, Clara, Blanca y Alba. 

El contenido político-social es un pilar de la trama, pero el realismo mágico está presente en toda la obra, ya que la magia, lo sobrenatural, forman parte de la vida cotidiana. El segundo fragmento que he seleccionado es un ejemplo de ello. Es conmovedor cuando dice: "no se preocuparon de prepararla para la vida ya que los astros se habían combinado para dotarla de tantos dones". 

Me gusta el recurso de los textos escritos a lo largo del tiempo como testimonio de la memoria de la familia. Así comienza la novela, destacando el valor de esos textos que escribía una niña, esa especie de diario que tanto sirvieron a las mujeres de las generaciones futuras.

Recomiendo sin duda esta novela, no defraudará a ningún lector. Yo conocí a Isabel Allende siendo todavía alumna en el instituto, cuando mi profesora Elena me mandó leer Eva Luna. Poco después yo seguiría la lectura con los Cuentos de Eva Luna y De amor y de sombra (tendré que hacer una entrada de esta última porque es de mis preferidas junto con la de hoy). Luego, he leído de ella otras novelas como El juego de Ripper, que resultó ser una novela policiaca alejada del realismo mágico. Pero bueno, entiendo que los autores también evolucionan y experimentan. Al no entusiarmarme tanto esta última novela, aparqué otras que me habían regalado de ella... quizás sea el momento de comenzar con su lectura ya que las estoy recordando hoy. 

Ojalá esta reflexión sirva para animar a algún lector indeciso. Esta novela que he presentado hoy estoy segura de que os cautivará.

21 enero 2021

Por lo visto

 Por lo visto es posible declararse hombre.

Por lo visto es posible decir no.

De una vez y en la calle, de una vez, por todos

y por todas las veces en que no pudimos.


Importa por lo visto el hecho de estar vivo.

Importa por lo visto que hasta la injusta fuerza

necesite, suponga nuestras vidas, esos actos mínimos

a diario cumplidos en la calle por todos.


Y será preciso no olvidar la lección:

saber, a cada instante, que en el gesto que hacemos

hay un arma escondida, saber que estamos vivos

aún. Y que la vida

todavía es posible, por lo visto.


Este poema pertenece a Jaime Gil de Biedma (1929- 1990), reconocido poeta adscrito a la poesía social de la Generación del 50. El poemario donde se incluye es Compañeros de viaje (también incluido en su antología Las personas del verbo).

En estos días tan oscuros que vivimos, con tanta incertidumbre y angustia por el avance demoledor de la pandemia y sus desvastadores efectos, he recordado los versos de Biedma que nos resalta que "la vida todavía es posible, por lo visto". Y así es, a pesar de todo y contra todo, la vida sigue con su impulso vital. 

Por eso dice Biedma que importa el hecho de estar vivo y que se necesitan esos actos mínimos, diarios y cotidianos, que demuestran precisamente eso, que estamos vivos. No debemos caer en la desidia ni en el aislamiento. Tenemos que respetar de manera responsable todas las normas sanitarias que se han estipulado. No podemos reunirnos y compartir momentos con las personas que queremos; no debemos abrazar, besar...,  pero no debemos olvidar que seguimos vivos y "vida", según la Real Academia de la Lengua Española, significa: fuerza o actividad esencial mediante la que obra el ser que la posee; energía de los seres orgánicos... 

Que este poema nos haga reflexionar sobre la importancia de la cotidianidad de los pequeños gestos, tan importantes para seguir sintiendo ese impulso vital. Como dice Biedma, en cada gesto hay un arma escondida: hacernos saber que estamos vivos.

Ánimo a todos los lectores de este blog.

10 enero 2021

Soltar amarras

El odio puede hincarse dulcemente

en los más claros ojos,

la desesperación peinar los gayos bucles

que los lóbulos sajan,

el desprecio instalarse tráquea abajo, 

laborioso, y la rabia

bajar las escaleras del corazón.

Es cuestión de un segundo.

Es cuestión de soltar amarras ciegamente,

como un prófugo loco de dolor que a las olas

encomienda su  huída.


- ¡Buen viento, pasajero de las simas!

Que Tántalo, Medusa y Poseidón

guíen tu frágil nave

y que del viaje surjas

nuevo, feliz, seguro, impenetrable.


Este poema de Jesús Munárriz ( 1940-) pertenece al poemario Esos tus ojos, que recoge una selección de la poesía escrita por el autor  entre 1970 y 1981. Munárriz no solo es escritor, sino traductor y editor; dirige desde 1975 Ediciones Hiperión, dedicada fundamentalmente a la poesía.

Munárriz nos invita en este poema a soltar amarras, es decir, soltar lastre, dejar atrás todo lo que nos pueda atormentar o dañar y empezar un camino nuevo. Ahora, que acabamos de empezar un nuevo año, quizás sea el momento de aparcar todo lo negativo y esperar ese "buen viento" que nos haga renacer, felices y seguros. 

Las figuras literarias que emplea a lo largo del poema me resultan sumamente interesantes: "El odio puede hincarse dulcemente/ en los más claros ojos", "y la rabia/ bajar las escaleras del corazón". Hermosas figuras para hablar de sentimientos como el odio, la desesperación, el desprecio y la rabia, que generan ese dolor que hace que emprendamos la huída si sabemos soltar amarras.

No es extraño que incluya elementos de la mitología (Tántalo, Medusa y Poseidón). Este poemario, aunque titulado Esos tus ojos, no se centra especialmente en la mirada, sino en el viaje en el sentido más amplio de la palabra. Hay poemas dedicados a ciudades y paisajes, pero abundan los poemas que hablan de ese viaje interior que en ocasiones tenemos que emprender para llegar a conocernos. Y ahí radica otro de los temas de este libro de poemas: el deseo. El deseo como una energía que nos mueve, pero también como forma de relacionarnos con el otro. 

Papel importante tiene también en este libro la tradición literaria. Juega con los clásicos y los homenajea. Como ejemplo citaré los poemas "Húmedos labios que a besar convidan" (que nos hace pensar en Góngora y su soneto "La dulce boca que a gustar convida") y "J.R.J. hubiera dicho" que empieza así:

Incoherencia,dame

el nombre exacto de las cosas.

Que mi palabra sea

solamente

el tapón de champán que salta y que permite

fluir la realidad a borbotones"

Cualquier instruido lector tiene que recordar al leer estos versos de Munárriz a Juan Ramón Jiménez y su poema "Intelijencia, dame/ el nombre exacto de las cosas" (sí "intelijencia" con "j", así lo quería Juan Ramón). La diferencia entre ambos es el tono, pues Munárriz le aporta humor, aunque no olvidemos que el humor encierra en muchas ocasiones no poca ironía y crítica. Quizás Munárriz pensó que en su mundo reinaba la incoherencia... Quizás también reine en el nuestro, por momentos... 

Recomiendo, sin duda, este libro de Munárriz, especialmente la lectura de los siguientes poemas: "Del amor, visto en un mal momento", "Navegar por el agua de tu cuerpo...", "Manifiesto" (donde hay versos tan contundentes como "y los hombres se olviden de la prisa/ con que van a la nada y no se enteran,/ víctimas de un progreso establecido,/ para que todo cobre otro sentido/ una vez asumido el sinsentido") , "El silencio" (al releer este poema pensé en la película "El secreto de sus ojos") , "Allá al fondo", "Haz lo que quieras, pero..." y "Juntos". He querido mencionar estos poemas por si alguien se anima a buscarlos en internet y leerlos.Pero, como he dicho, este poemario es digno de leer. 

Dediquémosle un poco de atención a la poesía, a veces olvidada y relegada a un segundo lugar en los estantes de las librerías más comerciales. Muchos de los mensajes que circulan por whatsapp y las redes sociales son versos extraídos de poemas y no tomamos conciencia de ello. Por eso, he querido comenzar este 2021 de "Letras en cal" con un poema y con el mensaje "soltar amarras" deseando que emprendamos un viaje que nos lleve a buen puerto. 


20 diciembre 2020

Juntos, nada más 

    Paulette Lestafier no estaba tan loca como decían. Claro que distinguía los días unos de otros, puesto que ya no tenía otra cosa que hacer más que contarlos, esperar a que llegaran y olvidarlos. Sabía muy bien que hoy era miércoles. ¡Y de hecho, ya estaba preparada! Se había puesto el abrigo, había cogido su cesta y sus cupones de descuento. Incluso había oído el coche de Ivonne, a lo lejos... Pero el caso es que su gato estaba delante de la puerta, tenía hambre, y fue al inclinarse para dejar su escudilla en el suelo cuando Paulette se cayó, golpeándose la cabeza contra el primer escalón.
    Paulette Lestafier se caía a menudo, pero era un secreto. No podía hablar de ello con nadie. 
    "Con nadie, ¿me oyes?" , se amenazaba a sí misma en silencio. "Ni con Ivonne, ni con el médico y mucho menos con el chico..."
    Tenía que levantarse despacio, esperar a que los objetos recuperaran la normalidad, aplicarse Synthol en la zona dolorida, y esconder esos malditos moratones.


    Así comienza la novela Juntos, nada más de la escritora francesa Anna Gavalda (1970-). Al llegar estas fechas de Navidad es un título que me ha venido a la mente de manera inmediata, pues lo único que queremos estos días es poder estar junto a nuestros seres queridos. Es el único deseo: estar juntos, nada más.
    Con esta novela me ocurrió algo muy curioso. Leí la obra en francés, en su versión original Ensemble, c'est tout. Cuando leo en otra lengua que no es la mía no me detengo a buscar todas las palabras que no entiendo en el diccionario (y siempre hay algunas...), pues rompe la dinámica de la lectura. Simplemente leo. Leí la novela en francés y me encantó, además, la lectura me resultó fácil. No obstante, pensé que quizás me había dejado algo atrás o que no había llegado a su esencia y, por eso, decidí volver a leerla en castellano. Esta segunda lectura me resultó tan interesante como la primera.
    Camille, Paulette, Philibert y Franck son los personajes principales. Cuatro personas solitarias y desarraigadas cuyas vidas cambian al relacionarse. Son cuatro personalidades muy distintas, pero que comparten el hecho de arrastrar pasados familiares destructivos. Son personajes que irradian a la vez fuerza y debilidad, alegría y tristeza... y ahí creo que radica el principal atractivo, junto a la verosimilitud con que están construidos sus perfiles. 
    A esta verosimilitud contribuyen en gran medida los diálogos,que abundan en la obra y la dotan de ritmo y de una naturalidad envidiable.
  Asistimos, por tanto, a la evolución de unos personajes que se presentan aparentemente derrotados, desengañados; que parecen condenados a la soledad y que, sin embargo, acaban despertando a la vida gracias al encuentro.
    No cabe duda de que es una obra que nos anima a mirar el futuro con esperanza. Y esa es la invitación de este blog, desde el que queremos desear una Feliz Navidad a nuestros lectores y mandar un mensaje de esperanza en un futuro mejor que el presente que vivimos.