15 septiembre 2021

Andando

 Andando

(Sueño)

Andando, andando;

que quiero oír cada grano

de la arena que voy pisando.


Andando, andando;

dejad atrás los caballos,

que yo quiero llegar tardando

-andando, andando-,

dar mi alma a cada grano

de la tierra que voy pisando.


Andando, andando.

¡Qué dulce entrada en mi campo,

noche inmensa que vas bajando!


Andando, andando.

Mi corazón ya es remanso; 

ya soy lo que me está esperando

-andando, andando-,

y mi pie parece, cálido,

que me está el corazón besando.


Andando, andando;

¡que quiero ver todo el llanto

del camino que estoy cantando!


Con este poema de Juan Ramón Jiménez (1881- 1958) damos comienzo a este nuevo curso académico. Y lo hacemos con la ilusión de empezar a andar por un camino en el que encontraremos mil obstáculos,  no hay duda, pero no por eso dejaremos de caminar cantando, como dice el poema, poniendo el alma en cada paso que damos hasta el punto de que  sintamos que nos "está el corazón besando". Así afronta un nuevo curso un profesor.

Necesitaría más de una entrada para hablar de Juan Ramón Jiménez ... Poeta cuya vocación es temprana y absoluta. Él mismo diría: " Yo tengo escondida en mi casa, por su gusto y el mío, a la Poesía. Y nuestra relación es la de los apasionados". 

Su trayectoria poética demuestra, ante todo, una excepcional inquietud renovadora.  Sus poemas son ejemplo de la talla intelectual y estética de un autor cuyo contexto no es el de la poesía española de su tiempo sino el de un universo propio. Juan Ramón dijo de su escritura: "Me represento mi escritura como un mar verdadero, porque está hecha de innumerables olas; como un cielo verdadero, porque está hecha de innumerables estrellas; como un desierto verdadero, porque está hecha de innumerables granos de arena. Y como el cielo, el mar y el desierto está siempre en movimiento y en cambio". Por eso mismo superó distintas corrientes, desde el Postromanticismo, Modernismo, poesía pura... y fue reconocido su magisterio en grandes poetas hispanos, incluída la Generación del 27. 

Hombre de temperamento depresivo y de una sensibilidad exacerbada, concibe la poesía como la respuesta a tres impulsos: sed de belleza, ansía de conocimiento y anhelo de eternidad. Esos son los pilares de su obra. 

El poema que recordamos hoy pertenece a Baladas de primavera. Nos encontramos en la primera etapa de su obra, en la llamada "etapa sensitiva". En estos primeros poemarios  predominan las descripciones del  paisaje como reflejo del alma del poeta. 

Terminamos el comentario del poema que ofrecemos con dos citas de Juan Ramón Jiménez que explican su concepto de escritura y que nos dan un motivo para acercarnos, siempre, a la poesía:

    " Quiero...suplir con belleza las fealdades o darles melodía simplemente; hacerme, en suma, yo mismo, otra vez, desde lo primero, y a mi gusto. Porque esto es el arte, gusto, deleite, encanto; echarse a conciencia y heroicamente, a un tiempo, en la tabla del mundo y jirar con él, a su música infinita, por los eternos espacios" (Sí, "jirar" con "j", así lo escribió Juan Ramón por ese concepto peculiar que tenía de la ortografía. Recordemos el famoso "Intelijencia dame").

    "No pretendo que mi escritura se lea seguida, ni lo deseo. Mi gusto es hacerla Biblia, digo libro donde, aquí y allá, encuentre siempre el que la lea y como sorpresa contagiosa, líneas de belleza".


27 junio 2021

Estoy cansado

 Estar cansado tiene plumas,
Tiene plumas graciosas como un loro,
Plumas que desde luego nunca vuelan,
Mas balbucean igual que loro.

Estoy cansado de las casas,
Prontamente en ruinas sin un gesto;
Estoy cansado de las cosas,
Con un latir de seda vueltas luego de espaldas.

Estoy cansado de estar vivo,
Aunque más cansado sería el estar muerto;
Estoy cansado del estar cansado
Entre plumas ligeras sagazmente,
Plumas del loro aquel tan familiar o triste,
El loro aquel del siempre estar cansado.

Este poema de Luis Cernuda (1902-1963) pertenece al poemario Un río, un amor (1929) y a su etapa surrealista. Me ha venido a la mente este título porque es el sentimiento que nos invade a muchos en estos días. Estamos cansados, sí, esto lo hemos dicho cada final de curso... pero este ha sido especialmente duro. Nunca nos habíamos tenido que enfrentar a comenzar un curso en plena pandemia, con más incertidumbres y miedos que ilusión. En septiembre volvimos al instituto pensando que todo era susceptible de ser peligroso y quizás a muchos nos atrapó la  inquietud. Sin embargo, al poco tiempo nos dimos cuenta de que también nosotros teníamos que dar lo mejor de nosotros mismos y ser ejemplo para nuestros alumnos. Toda la comunidad educativa del instituto Salduba supo encarar con valentía y decisión este reto que suponía el curso 2020/2021. Todos los miembros que formamos parte de esta gran familia, absolutamente todos, han dado lo mejor de si y han demostrado vocación, profesionalidad y, por parte de nuestros alumnos y sus familias,  colaboración y respeto. 
Todos estamos cansados porque ha sido un curso agotador al tener que atender a tantas circunstancias: positivos, confinamientos, semipresencialidad y hasta cambios de legislación en cuanto a la evaluación de algunos cursos anunciados de manera precipitada. Pero eso no ha impedido que nuestro instituto volviese a ser un centro lleno de vida, de creatividad y de proyectos ilusionantes. 
Por todo ello, hoy no voy a explicar ni comentar a Luis Cernuda (poeta que, además, merece una entrada con más desarrollo), solo quiero daros las gracias a todos porque, aunque estemos agotados, precisamente  lo estamos por habernos entregado más si cabe a nuestra labor como docentes, pensando siempre en lo mejor para nuestros alumnos. Gracias a todos los que habéis hecho posible que vivamos un curso con toda la normalidad que se podía en plena pandemia. ¡Felices y merecidas vacaciones!

06 mayo 2021

Una pasión rusa

     "La vida puede resultar caprichosamente difícil cuando te han mimado demasiado en la infancia. Lina no pretendía que ese pensamiento, repetido hasta la saciedad por su familia con vocación de convertirlo en mantra, justificara su realidad en aquel desierto de hielo perpetuo, donde el invierno duraba ocho meses, la temperatura superaba los cincuenta grados bajo cero y los vientos del Ártico llegaban preñados de tormentas de nieve que alfombraban en varios metros la letal tundra de musgo y barro que se escondía bajo sus pies. Hacía mucho tiempo que había dejado de preguntarse por qué el destino había decidido vengarse de ella en aquel lugar al norte del paralelo 67.

    Su vida había sido una fiesta hasta que alguien apagó la luz y unos brazos de hierro forjado le rompieron la existencia. Pudo haberlo intuido, haber interpretado las señales que ahora emergían claras y nítidas ante sus ojos, incluso con la ceguera nocturna que padecía desde que aquel infierno helado se había convertido en su único hogar, y que le hacía recorrer los barracones del campo de concentración convertida en una sombra. [...]"


    "A lo único que temía era al olvido. Era su único lujo, que los recuerdos anclados en el pasado le abrigaran lo suficiente para no sentir el gélido presente que caía sobre ella. Sabía que un día de trabajo en el gulag restaba un año de vida, pero una noche de recuerdos la prolongaba meses. Agradeció que nada se borrara de su memoria. La memoria era el único rompehielos de la realidad del que disponía. La única vida que concebía para no ser vencida por el destino era un paseo por sus recuerdos. Es cierto que los recuerdos duelen y escuecen como lo hace el alcohol vertido sobre una herida abierta. Pero al final curan, sanan el cuerpo magullado y alejan la infección, aunque la cicatriz deje un tatuaje sobre la piel que nunca desaparecerá."


Estos  fragmentos pertenecen a la obra Una pasión rusa, de la escritora madrileña Reyes Monforte (1975). En esta ocasión voy a comentar la novela que estoy terminando de leer; aunque no haya llegado al final, no creo que me decepcione y a día de hoy la recomendaría sin ninguna duda. Es una novela histórica, de hecho ganó el Premio de Novela Histórica Alfonso X el Sabio 2015.

La novela presenta la historia de amor de la española Lina Codina (1897-1989) y el compositor ruso Serguéi Prokófiev (1891-1953). El relato se inicia con Lina recluida en el gulag, acusada de espionaje y traición a la patria (primer fragmento). Ese es el punto de partida y ella nos llevará al momento en el que conoce a Serguéi en Nueva York y se enamora de él. 

Reyes Monforte dijo en una entrevista: «Carolina Codina vivió lo mejor y lo peor del siglo XX. Vivió en el Nueva York de los rascacielos, en el Carnegie Hall fue donde conoció a Serguéi Prokófiev, en un concierto, fue un amor a primera vista; vivió el glamour y el lujo; vivió en los años 20 en París, fue íntima amiga de Hemingway, de Matisse, de Cocteuau, de Coco Chanel, [...]. De un paraíso terrenal pasó a un infierno porque el matrimonio Prokófiev decidió volver a a Rusia engañado por Stalin, que les dijo que no iban a tener ningún problema, que iban a vivir y viajar en libertad y luego no pasó nada de eso y terminó condenada por espía, que era mentira, a 20 años en un campo de concentración ruso, en un gulag.»

El primer fragmento pertenece justo al principio de la novela; el segundo, a unas páginas siguientes. He seleccionado el segundo fragmento porque me ha gustado el valor que le da a la memoria, a los recuerdos. Es un tema que ya  se ha comentado en otros autores que hemos presentado en este blog: los recuerdos como abrigo del alma, aunque puedan escocer, siempre curan.

La novela viene introducida por unas citas que también me han parecido muy interesantes a modo de reflexión. Son las siguientes:

Tenemos que vivir. No importa cuántos cielos hayan caído.  D.H. Lawrence.

Fue entonces cuando aprendí que el amor no es solo una fuente de alegría o un juego, sino que también forma parte de la incesante tragedia de la vida, pues constituye tanto su condena eterna como la fuerza abrumadora que le da sentido.  Nadezhda Mandelstam.

Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de firmas inconstantes, ese montón de espejos rotos. Jorge Luis Borges.

Podré quedarme solo, pero jamás cambiaré por un trono la libertad de mi pensamiento. Lord Byron.

Independientes, todas estas citas me resultan bellas y profundas. Leídas en el conjunto de la trama de la novela, estas citas se muestran como ejemplo de la esencia de la misma.

Al lector aficionado a la historia, esta novela le va a resultar fascinante, pues recrea con detalle los momentos más significativos del siglo XX. Al leer algunas páginas uno llega a pensar que está paseando por las calles de París...No obstante, el contenido histórico no llega a resultar pesado, ya que la autora, en mi opinión, ha sabido conjugarlo con la novelización del amor de Lina y Serguéi, consiguiendo  el equilibro de ambos aspectos. 

Por otro lado, es interesante también descubrir la obra del compositor. Yo de Prokófiev solo conocía su Romeo y Julieta, (bueno, una parte, no al completo) y me gusta mucho. A lo largo de la novela se mencionan muchas de sus obras y se observa el proceso de creación de las mismas. Esto invita al lector a acercarse a esas composiciones, para penetrar mejor en la esencia de la historia. Yo, por ejemplo, busqué en internet la obra de Prokófiev con la que Lina quedó impresionada y enamorada de él. 

Una novela que ofrece rigor histórico, música y amor no puede decepcionar a ningún lector. 

22 abril 2021

El rayo que no cesa

Umbrío por la pena, casi bruno,

porque la pena tizna cuando estalla,

donde yo no me hallo no se halla

hombre más apenado que ninguno.


Sobre la pena duermo solo y uno,

pena es mi paz y pena mi batalla,

perro que ni me  deja ni se calla,

siempre a su dueño fiel, pero importuno.


Cardos y penas llevo por corona,

cardos y penas siembran sus leopardos

y no me dejan bueno hueso alguno.


No podrá con la pena mi persona

rodeada de penas y de cardos:

¡cuánto penar para morirse uno!"



"Tengo estos huesos hechos a las penas

y a las cavilaciones estas sienes;

pena que vas, cavilación que vienes

como el mar de la playa a las arenas.


Como el mar de la playa a las arenas,

voy en este naufragio de vaivenes,

por una noche oscura de sartenes

redondas, pobres, tristes y morenas.


Nadie me salvará en este naufragio

si no es tu amor, la tabla que procuro,

si no es tu voz, el norte que pretendo.


Eludiendo por eso el mal presagio

de que ni en ti siquiera habré seguro,

voy entre pena y pena sonriendo."



"Una querencia tengo por tu acento, 

una apetencia por tu compañía

y una dolencia de melancolía

por la ausencia del aire de tu viento.


Paciencia necesita mi tormento,

urgencia de tu garza galanía,

tu clemencia solar mi helado día,

tu asistencia la herida en que lo cuento.


¡Ay querencia, dolencia y apetencia!:

tus sustanciales besos, mi sustento,

me faltan y me muero sobre mayo.


Quiero que vengas, flor desde tu ausencia,

a serenar la sien del pensamiento

que desahoga en mí su eterno rayo."


Estos tres poemas pertenecen a El rayo que no cesa de Miguel Hernández (1910-1942). Este poemario está escrito durante 1934 y 1935, momentos de graves convulsiones sociales y políticas que afectarán a Miguel provocándole una fuerte crisis. 

Con 24 años Miguel viaja a Madrid y conoce, entre otros, a Pablo Neruda yVicente Aleixandre. Su acercamiento a estos poetas inicia la evolución ideológica que lo conducirá a alejarse de Ramón Sijé y todo lo que él representaba: catolicismo, lecturas del Siglo de Oro, gusto clásico y conservadurismo político. Así, de una poesía enraizada en la tradición literaria, se va deslizando a las osadías de la expresión impura; de un amor místico (recordando a San Juan) pasará a un erotismo pasional y carnal. En estos años Miguel no solo madura literariamente, sino que adoptará posiciones de compromiso beligerante con la llegada de la guerra.

Miguel Hernánez fue consciente de este cambio y reflexionó sobre ello. En una carta que le escribió a D.Juan Guerrero, en junio de 1935, dijo: " Ha pasado algún tiempo desde la publicación de esta obra [el auto sacramental] y ni pienso ni siento muchas cosas de las que digo allí [...]. En el último número aparecido recientemente de El gallo crisis  sale un poema mío escrito hace seis o siete meses: todo en él me suena extraño. Estoy harto y arrepentido de haber hecho cosas al servicio de Dios y de la tontería católica... estaba mintiéndome a mi voz y a mi naturaleza terrena hasta más no poder, estaba traicionándome y suicidándome tristemente".  Duras palabras que reflejan la crisis ideológica y estética que estaba atravesando.

En la raíz de esta crisis no solo está la convulsión social previa al conflicto, sino el amor como experiencia y urgencia personal que choca con las barreras de una moral provinciana. En una carta, dirigida a Josefina en 1935, Miguel le decía: " Por eso me gustaría tenerte aquí en Madrid, porque aquí nadie se esconde para darse un beso".  El amor adquiere, por tanto, acento de pasión atormentada, de anhelo insatisfecho, de ansias de posesión. Teniendo este referente, El rayo que no cesa no debe entenderse como un poemario de amor pues lo que encontramos son poemas de un amor rechazado, de las angustias que causa el amor cuando la moralidad deja incompleta las relaciones amorosas, cuando el deseo se convierte en tormento. De ahí también las tentaciones de suicidio y la proximidad de la muerte constantes en la obra. No en vano, este libro comienza con los siguientes versos a modo de introducción:

Un carnívoro cuchillo

de ala dulce y homicida

sostiene un vuelo y un brillo

alrededor de mi vida.

Y es por eso que El rayo que no cesa nos revela, quizás por primera vez, la inmensa herida que sentía Miguel en su interior, poblado de inquietudes y presentimientos, encarnada en un fatídico cuchillo amenzando siempre su existencia. 

En cuanto a los poemas seleccionados, los dos primeros sonetos me parecen que pueden entenderse como un todo que exalta el profundo sentimiento de pena; el segundo podría leerse como la continuación del primero. Versos como "donde yo no me hallo no se halla/hombre más apenado que ninguno" o "sobre la pena duermo solo y uno". No cabe duda de que "pena" es la palabra que repite insistentemente. 

El segundo soneto añade a la pena el sentimiento amoroso, aunque tampoco está seguro de que pueda llegar a salvarlo. El poeta se presenta como un náufrago que busca en el amor esa tabla de salvación. El último terceto, muestra sin embargo, un atisbo de esperanza pues se esfuerza en eludir los malos presagios y va, entre pena y pena, sonriendo.

El tercer soneto es un ejemplo de esa urgencia del amor que hemos comentado: "una apetencia por tu compañía/ y una dolencia de melancolía / por la ausencia del aire de tu viento". Reclama abiertamente la presencia de su amada, sus besos son su sustento y quiere que venga para serenar "la sien del pensamiento". 

Por todo esto, os invito a conocer la obra de Miguel Hernández y la hondura y autenticidad de sus versos pues en cada etapa de su vida muestran lo que sintió, según las experiencias personales y según su compromiso social y político.

08 abril 2021

Al sur de la frontera, al oeste del Sol

"Éramos un caracol que había perdido el caparazón y una rana que había perdido las membranas. La apreté con fuerza contra mi pecho. [...] Ella apoyó la palma de la mano sobre mi corazón. Su tacto se fundió con mis latidos. "Es diferente de Shimamoto", pensé. "No me da lo que Shimamoto me daba. Pero es mía y quiere ofrecerme todo lo que puede. ¿Cómo podría hacerle daño?

Entonces no lo sabía. No sabía que era capaz de herir a alguien tan hondamente que jamás se repusiera. A veces, hay personas que pueden herir a los demás por el mero hecho de existir."


"-Mirando la fotografía, habría jurado que eras feliz -dije.

Shimamoto negó moviendo lentamente la cabeza. En el rabillo del ojo se le dibujaron unas encantadoras arrugas. Parecía estar recordando alguna escena lejana en el tiempo.

-¿Sabes, Hajime? -dijo-. A través de una fotografía no puedes comprender nada. No es más que una sombra. El verdadero yo está en otro sitio. Y eso no sale reflejado en la  imagen.

Aquella fotografía hacía que me doliera el corazón. Al mirarla, me daba cuenta de cuánto tiempo había perdido. Un tiempo precioso que jamás volvería. Un tiempo que, por más que me esforzara, jamás podría recuperar. Un tiempo que únicamente existía en aquel instante y en aquel lugar. Mantuve los ojos fijos en la fotografía durante largo rato.

-Por qué la miras con tanta atención? -dijo Shimamoto.

-Para llenar ese espacio de tiempo -le respondí-. No te he visto durante más de veinte años. Quiero llenar ese vacío.

Ella miró sonriendo como si algo le hubiera parecido extraño. Como si yo tuviera algo raro en la cara.

-¡Qué curioso! -exclamó-. Tú quieres llenar el vacío de esos años y yo quiero dejar esos años en blanco."


 Estos dos fragmentos pertenecen a la novela  Al sur de la frontera, al oeste del Sol, del escritor japonés Haruki Murakami (Kioto 1949).

Murakami es un autor que me ha tenido totalmente desconcertada. Esta novela que presento hoy fue el primer contacto que tuve con él. La leí con intensidad, pues me atrajo de una forma que no podía dejar de leer...pero al llegar al final sentí un sentimiento de vacío. Quizás me había generado demasiadas expectativas y me sentí en cierto modo estafada. Pensé que no iba a leer nada más de él, pero al poco tiempo cayó en mis manos su novela Crónica del pájaro que da vuelta al mundo y este sugerente título me sirvió para darle otra oportunidad. Disfruté mucho leyéndolo; al igual que la primera novela, consiguió engancharme desde el principio. Me preocupaba llegar al final... ciertamente no sabía qué podía esperar. En esta ocasión la sensación no fue de estafa, sino más bien de no entender muy bien ese final. Me dije: "Ya no más. Ya sé quién es Murakami". Pero no fue así... Me regalaron Hombres sin mujeres, una colección de cuentos. Y, claro, lo leí. Me agradó comprobar que  también era capaz de generar esa expectación en el formato del cuento. Descubrí historias con gran intensidad, a pesar de su brevedad. Los finales me siguieron descolocando, lo tengo que reconocer, pero ya me rindo. Me gusta Murakami, me gusta cómo consigue atraparme en cada una de sus historias. Y hasta me estoy planteando comprarme su novela más emblemática, Tokio Blues, y ponerme a leerla en cuanto acabe el que tengo empezado.

Murakami es un escritor que suena reiteradamente como candidato al premio Nobel de Literatura. Sus traductores comentan que su prosa es sencilla y directa, es decir, no destaca por la belleza formal del lenguaje. Estoy de acuerdo, no destaca en ese aspecto, pero logra un acceso inmediato al inconsciente colectivo por medio mundo usando herramientas tan banales como la simplicidad, la intriga narrativa o el pop. Sus obras dan acceso a infinitos mundos interiores, que es donde creo que reside su éxito; afectan al lector de manera impredecible, haciéndole sentir que aquello que se le cuenta no está escrito sino que está sucediendo en el acto para que sea él quien termine de convertirlo en íntima trama. Quizás por eso al principio me sentí estafada con sus finales, porque exigen de mí. Las obras de Murakami requieren la implicación del lector. 

En una entrevista, Murakami, al comentarle el periodista "el modo en que sus relatos convocan todos los sentidos. Hay música, sexo, comida..." él respondió: "Me gustan las cosas físicas. Si escribo sobre alguien que bebe una cerveza, espero que los lectores quieran una. Busco imprimirle a mi literatura esa dimensión porque confío en la reacción corporal como algo auténtico, inmanejable, y si aparece, creo que la historia está funcionando. Si alguien en el libro enferma, me gustaría que el lector viviera sus síntomas. Ese es el propósito del relato". Estas palabras me resultaron reveladoras para entender mejor su universo narrativo.

En las obras de Murakami también tiene una presencia importante lo onírico, pero los personajes son conscientes en todo momento de la extrañeza de lo que están viviendo y lo viven como un sueño lúcido. Es decir,la forma en que  lo fantástico interactúa con lo cotidiano se aleja del realismo mágico que ya comenté en otras entradas. A este respecto Murakami dijo: " Para mí, escribir una novela es como soñar; me permite soñar adrede mientras estoy despierto. Puedo continuar un día el sueño del día anterior, algo que no puede hacerse normalmente. Es también una forma de descender profundamente en mi conciencia. Así que aunque sea algo onírico, no es fantasía. Para mí lo onírico es muy real". De ahí que sus obras presenten dos estilos: onírico y realista.

Al sur de la frontera, al oeste del Sol es una novela más realista que onírica, dotada de fatalismo y sensibilidad únicos. La intervención del misterio no acarrea la ruptura del orden real, pero introduce una crítica a la percepción ordinaria del mundo que nos plantea la idea de dónde están los límites, de sobrepasarlos, de llegar a ese sur o a ese oeste y huir, aunque solo sea una vez. La entiendo como una novela introspectiva que muestra la facilidad con que se pierde el control de la propia vida y se destruye todo lo que se consideraba sólido y estable ( en este caso, un vida de éxito profesional y un matrimonio feliz con dos hijas). También se puede entender como una crónica del fracaso y la insatisfacción.

Os animo a leer esta novela, o cualquiera de Murakami, pues seguro que no os dejará indiferentes. Hay que leer en algún momento algo de Murakami, posiblemente el escritor japonés más famoso allende los mares. Un escritor criticado en ocasiones por la crítica de su país, que lo acusa de mostrar en sus obras la idea de Japón que tienen los lectores extranjeros y de estar americanizado. Es cierto que sus referentes son más occidentales que nipones (en esta obra, por ejemplo, la presencia de los clubs de jazz) y esto lo diferencia del resto de autores japoneses.  Pero Murakami no está alejado de la realidad de Japón. En Crónica del pájaro que da cuerda al mundo muestra las raíces sangrientas de Japón a través de los recuerdos gore del teniente Mamiya en la guerra de Manchuria, por poner un ejemplo. En cualquier caso, americanizado o no, yo recomendaría siempre leer a Murakami. 

25 marzo 2021

Memoria de la melancolía

 La memoria puede tener los ojos indulgentes. Ya no llegan a nosotros los ruidos vivos sino los muertos. Memoria del olvido, escribió Emilio Prados, memoria melancólica, a medio apagar, memoria de la melancolía. No sé quién solía decir en mi casa: hay que tener recuerdos. Vivir es tan importante como recordar. Lo espantoso era no tener nada que recordar, dejando detrás de sí una cinta sin señales. Pero qué horrible es que los recuerdos se precipiten sobre ti y te obliguen a mirarlos y te muerdan y se revuelquen sobre tus entrañas, que es el lugar de la memoria. [...]

Somos el producto de lo que otros han irradiado de sí o perdido, pero creemos que somos nosotros [...]. Yo siento que me hice del roce de tanta gente: de la monjita, de la amiga de buen gusto, del tío abuelo casi emparedado, del chico de los pájaros, del beso, de la caricia, del insulto, del amigo que se nos insinuó, del que nos empujó, del que nos advirtió, del que callado apretó los dientes y sentimos aún la mordedura... Todos, todos. Somos lo que nos han hecho, lentamente, al correr tantos años"


Estos fragmentos pertenecen a la obra Memoria de la melancolía de María Teresa León (Logroño 1903- Madrid 1988), figura clave del comunismo en el exilio y de la lucha por la libertad y la igualdad, pero, sobre todo, escritora. Esta obra es la autobiografía de una mujer que amaba a su país, luchó por él y lo echó de menos cada día que pasó en el exilio. De hecho, empieza a escribirla durante su exilio en Roma, a finales de la década de 1960, y  fue publicada en 1970, cuando todavía no había podido regresar a España.

Desde muy joven fue una mujer de acción. Tuvo dificultades para seguir con sus estudios más allá de los estipulados 14 años. De hecho, fue expulsada del colegio de monjas, según ella, por empeñarse en hacer el bachillerato y por leer libros prohibidos. Pero esto no la desanimó y consiguió estudiar en la Institución Libre de Enseñanza y licenciarse en Filosofía y Letras. 

María Teresa se casa, mejor dicho, deciden que se casa, en 1920, cuando tenía 16 años y pronto será madre de dos niños. En 1929 conoce a Rafael Alberti y rompe su matrimonio para iniciar una vida con él. En 1932 se casan por lo civil y empiezan a viajar por toda Europa gracias a una beca que recibieron para estudiar el movimiento teatral europeo. 

El estallido de la guerra civil les pilla en Ibiza. Durante este periodo María Teresa fue secretaria de la Alianza de Escritores Antifascistas y fundó la revista "El mono azul". Tras la derrota republicana  el matrimonio tiene que exiliarse y pasará temporadas en Francia, Argentina (donde nace su hija Aitana) e Italia. 

"Estoy cansada de no saber dónde morirme". Estas eran las palabras que repetía María Teresa durante su exilio. Quizás para no olvidarse de lo que le habían hecho o para recordar que todavía le quedaba el regreso... Finalmente, el matrimonio consigue regresar a España en 1977, cuando las condiciones políticas y sociales eran favorables; pero María Teresa ya viene padeciendo la dura enfermedad del alzhéimer y ha perdido la memoria.

A la sombra de Rafael Alberti, su marido durante más de medio siglo, la escritora produjo una variada y destacada obra literaria que incluye teatro, novela, cuentos, ensayo y guiones cinematográficos; obra que ha pasado desapercibida en su mayoría para el gran público e incluso para gran cantidad de entendidos.

Los dos textos que he seleccionados me resultan impactantes. Destaca la importancia de la memoria, no cabe duda que motivada por el diagnóstico de la enfermedad. Me gusta la visión de la memoria como algo vital, hasta el punto de que "vivir no es tan importante como recordar". Como ella dice "hay que tener recuerdos", aunque a veces  nos obliguen a mirarlos y nos muerdan.

Con el segundo fragmento creo que muchos nos podemos sentir identificados. "Somos el producto de lo que otros han irradiado de sí". Indudablemente somos una consecuencia de nuestro contexto, desde que nacemos. No se trata de que somos seres autómatas, sino que somos seres sociales que compartimos, nos relacionamos e interactuamos. Es necesario ir forjando una personalidad única, una individualidad que nos singularice, pero somos un producto del correr de los años por nuestras vidas.

Con María Teresa León terminamos el mes de marzo dedicado a la Mujer con la ilusión de haber dado visibilidad a tantas y tantas mujeres que quedaron olvidadas en la historia de nuestra literatura y que merecen nuestro reconocimiento.


07 marzo 2021

Quisiera tener varias sonrisas...

 Quisiera tener varias sonrisas de recambio

y un vasto repertorio de modos de expresarme.

O bien con la palabra, o bien con la manera,

buscar el hábil gesto que pudiera escudarme...


Y al igual que en el gesto buscar en la mentira

diferentes disfraces, bien vestir el engaño;

y poder, sin conciencia, ir haciendo a las gentes,

con sutil maniobra, la caricia del daño.


Yo quisiera ¡y no puedo! ser como son los otros,

los que pueblan el mundo y se llaman humanos:

siempre el beso en el labio, ocultando los hechos 

y al final... el lavarse tan tranquilos las manos.


Con este poema de Concha Méndez (Madrid 1898 - Ciudad de México 1986) quiere empezar Letras en Cal el mes de marzo dedicado a las mujeres.

Concha Méndez es una de las voces femeninas más importantes de la llamada Generación del 27; una mujer con las ideas muy claras y con deseos de vivir libremente. Ya en sus primeros poemas se observa su desprecio por la vida encorsetada, diseñada para que las mujeres se convirtieran en excelentes pero aburridas amas de casa. En una entrevista recordaría un episodio de su infancia cuando un amigo de sus padres, de visita en la casa familiar, le preguntaba a sus hermanos qué querían ser de mayores. A ella no le hizo la pregunta, de hecho dice que la ignoraba, por eso se acercó a decirle al señor: "yo voy a ser capitán de barco". El hombre la miró tiernamente y le dijo: "Las niñas no son nada". Con el paso de los años, en esta entrevista, Concha se sentiría orgullosa de "terminar gobernando mi propio barco".

Siendo muy joven se emancipó de la casa paterna y se dedicó a viajar; estuvo en Londres, Montevideo y Buenos Aires, dedicándose ya a cultivar la poesía. Gracias a sus amistades con Luis Cernuda, Rafael Alberti, Federico García Lorca y Luis Buñuel, entró a formar parte del grupo de poetas, artistas e intelectuales que formarían con el tiempo la Generación del 27. Y no solo estaba Concha Méndez sino Maruja Mallo, María Teresa León, Ernestina de Champourcín, Rosa Chacel, Josefina de la Torre... Mujeres que se vieron excluídas de la primera antología de ese grupo poético que pasaría a llamarse del 27 y que realizó Gerardo Diego en 1932 y 1934. Mujeres que han seguido siendo olvidadas en las innumerables ediciones que se editan y reeditan de la Generación del 27. Sin ir más lejos, la antología que yo tengo está realizada por el gran poeta Ángel González y no aparece ninguna mujer...

Concha Méndez no dudaría en enfrentarse a Gerardo Diego por ese menosprecio y le dijo: "Mira, tú nos excluirás, pero yo debajo de la falda llevo un pantalón". A ella se unirían el resto de mujeres artistas e intelectuales de la época que hoy reconocemos como "Las Sinsombrero".

Casada con el poeta malagueño Manuel Altolaguirre (él sí aparece en las antologías...) Concha Méndez estuvo al frente de la imprenta que el matrimonio compró en 1932. Allí fundaron la revista Héroe con el dinero que Concha había ganado en Argentina. Concha diría en sus memorias: "Era yo quien la manejaba, vestida con un mono azul de mecánico. Era difícil y cansado. Cuando salía a la calle con aquel mono, la gente se quedaba extrañadísima; no recuerdo haber visto en todo Madrid a otra mujer vestida con pantalones". 

En 1938 Altolaguirre se alistó en el bando republicano y al inicio de la dictadura tuvieron que exiliarse, primero en La Habana y luego en México, donde se instalaron  de forma definitiva.

El estilo poético de Concha Méndez es directo y sincero, rozando en ocasiones lo intimista, pero sin perder fuerza y carácter. El poema que he seleccionado me gusta especialmente porque pienso que puede reflejar cómo pudo sentirse ella, o cualquier mujer, en muchos momentos de la vida, sobre todo en aquella época que a Concha le tocó vivir, marcada por la idea de que "las niñas no son nada" y por la guerra civil y sus terribles consecuencias. 

Sería estupendo, como ella dice, tener "varias sonrisas de recambio" para cuando no tengamos ánimo... Sería estupendo contar con "un vasto repertorio de modos de expresarme" para llegar a todos y en todos los contextos... Podría ser útil, también, "buscar en la mentira diferentes disfraces", "vestir el engaño" y conseguir "la caricia del daño".Pero... ella no lo consiguió, no pudo ser como son los otros, los que se llaman "humanos", que siempre tienen "el beso en el labio, ocultando los hechos" con el único objetivo de lavarse las manos. 

La editorial Hiperión reeditó en 2017 una antología de los poemas de Concha Méndez. Os animo a conocer su obra, la obra de una mujer que en vida reivindicó sin descanso el espacio que le correspondía. Rindamos homenaje a tantas mujeres que fueron silenciadas a lo largo de la historia y que ahora, que se ha visibilizado su trabajo, comprobamos que fueron parte esencial del desarrollo cultural de nuestro país.